jueves, 13 de diciembre de 2012

Discriminación racial


Si bien hoy en día la discriminación en todas sus formas se hace presente de manera latente y patente en nuestra sociedad, resulta difícil poder identificar cuando es que esta surge y se instala como problema psicosocial, principalmente porque la discriminación como tal puede adoptar un sin numero de formas en la sociedad. De este modo, las huellas de la discriminación han sido dejadas en la conciencia colectiva a lo largo de la historia de nuestro país, teniendo como origen situaciones múltiples asociadas a cada forma de discriminación en la sociedad Chilena.

Para entender un tipo de discriminación presente en nuestra sociedad, la discriminación racial, es necesario tener en cuenta que tal como lo plantean algunos autores, la sociedad Chilena estaría marcada por el trauma del mestizaje. Este, sería un factor determinante en la conformación de las actuales sociedades y tendría su origen durante la llegada de los conquistadores españoles y la colonización del pueblo indígena en el Chile de esos años. El mestizaje conllevó a que la ilegitimidad fuera parte fundamental de la conformación de nuestra sociedad (Montecinos, 1996), esto debido a que el nacer fruto de relaciones extra-maritales entre un español y una india, se convertía en un acontecimiento que definía la vida de los sujetos, puesto que al ser hijo mestizo se quedaba la mayoría de las veces subordinado a ser “huacho”. Siendo destinado a ser abandonado por el padre y encontrarse siempre en una situación de ilegitimidad y desigualdad respecto a los hijos que sí nacían dentro del matrimonio. De este modo, “la barraganía es la manifestación más palpable de esta tensión y de su resolución: demuestra la factibilidad de asumir un rostro blanco (la constitución de una familia legitima) y de uno no-blanco (la poligamia, el amancebamiento, la madre soltera, el huacho)” (Montecinos, 1996, p.48).

Teniendo esto en consideración es importante dar cuenta que la falta de reconocimiento o ilegitimidad de los mestizos representa una especie de subordinación social, en donde al no ser reconocido como un igual se le imposibilita al sujeto de poder participar dentro de la vida social de forma igualitaria a los otros miembros. De esta manera, este no reconocimiento o ilegitimidad en la que viven los mestizos, pasa a convertirse en un problema psicosocial puesto que la interacción entre los de raza “pura” y los mestizos, es una interacción regulada por un valor cultural institucionalizado según el cual, a quienes son catalogados como mestizos se les prohíbe gozar de un status pleno dentro en la interacción, siendo incapaces de participar de manera igualitaria en las interacciones con los otros, en este caso los no mestizos.
Es entonces, que resulta importante entender cómo esta experiencia del mestizaje podría haber quedado como huella en las sociedades, tal como Montecinos (1996) lo plantea: “favoreciendo, por ejemplo, valores como el culto a la apariencia” (p.48), de este modo, es que hoy en día podemos ver que claramente esto se hace presente puesto que como chilenos es posible ver algunas ocasiones dentro de nuestra cotidianidad, nos cuesta asumir nuestro origen como hijos del mestizaje. 

Del mismo modo, es posible dar cuenta que en ocasiones, durante las conversaciones surgen tendencias a atribuir valoraciones y percepciones más positivas a quienes poseen rasgos “blancos”, que a quienes nos parecen más mestizos, realizando juicios de valor tan solo por nuestros características raciales. Es entonces, que lo que Montecinos (1996) plantea nos resulta interesante puesto que nos hace sentido, y más aún, nos permite atribuir posiblemente este hito histórico como el origen de la discriminación racial en nuestra sociedad. Esto principalmente porque, toda esta tensión asociada al trauma del mestizaje conlleva a que los individuos luchen contra el ser catalogados como mestizos, puesto que esto involucra una serie de connotaciones negativas con las cuales nadie desea sentirse reconocido en la sociedad y más aún, involucre que el ser reconocido como mestizo conlleva el no poder gozar de un status igualitario dentro de las interacciones con los otros en la sociedad, debido a los valores que hoy se encuentran fuertemente institucionalizados en nuestra sociedad chilena, en donde el reconocerse con características mestizas te sitúa de antemano en una relación asimétrica respecto a quienes parecieran ser de la raza “mas pura”.
Si bien esto pareciera hacerse presente en nuestra sociedad, ¿Es realmente la sociedad chilena una sociedad que discrimina racialmente? En relación al tema, el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca realizó una investigación cuantitativa con el objeto de indagar qué tan discriminadores pueden llegar a ser los chilenos. Dentro de los resultados encontramos ciertos aspectos interesantes planteados a continuación:

“Prejuicio y discriminación: La población chilena está constituida, en su mayoría, por personas de sangre mestiza. Hay un biotipo asociado a la muchedumbre que se puede definir como moreno, de estatura baja, pelo oscuro. Por otro lado, el biotipo asociado a la “clase más acomodada” es blanco, de mayor estatura, rasgos y colorido nórdico, donde el prejuicio racial y clasismo se entremezclan creando clases definidas. Al respecto, el 42,1% de los entrevistados del estudio considera que el pelo rubio es “más distinguido”, que el pelo oscuro, el 46,7% piensa que las personas con ojos claros son más atractivas que las de ojos oscuros y el 31,8% estima que las personas de pelo rubio son más bonitas. ¿Renegamos de nuestra vertiente indígena? Aparentemente no. Sin embargo, las opiniones prejuiciadas y el no asumir el origen mestizo son algunas manifestaciones que evidencian algún trato distinto. La imagen construida del pueblo mapuche a través de la historia ha sido la de un pueblo guerrero y noble, pero dichas características no han sido traspasadas a sus descendientes, quienes no gozan de gran participación pública y no ostentan puestos de trabajos prominentes. El hecho de que los mapuches que han llegado a las ciudades trabajen en determinadas áreas laborales no parece casual. ¿Por qué casi no hay funcionarios de atención de público, promotoras o animadores de televisión con rasgos mapuches? El empleador en Chile busca personas de aspecto europeo, quienes calzan en su prejuicio de “buena presencia”. La primera selección comenzaba, hasta hace poco, con el currículo con foto reciente y el rostro como evidencia. Luego, los datos personales o escrutinio social del postulante. Esto se ve claramente reflejado en el estudio, con la pregunta: ¿cree que tener apellido mapuche puede perjudicar en la búsqueda de empleo o ascenso en la empresa?; el 70,7% responde que sí. La visión estereotipada subyace tras frases como “morenito, pero simpático”, “la mapuchita” y al calificar como “indios” a las personas obstinadas. Aún sin que haya mala intención consciente, revela prejuicio. Raramente reconocemos -y menos celebramos- el origen mestizo del chileno y normalmente el mestizo es el otro, y que el otro lo sea, significa que hay una gran distancia, una distancia de origen de la que no hay retorno”.
Avalados por los datos estadísticos de este estudio, los chilenos no parecemos ser sujetos que discriminamos racialmente, sin embargo, existe algo de cuestionamiento de nuestra parte respecto a esto, puesto que de todos modos seguimos renegando nuestro origen mestizo, por lo cual nos pareciera que si existe algo de discriminación en cierta medida, puesto que de otro modo no se explica la dificultad de reconocernos como hijos del mestizaje, reconocernos con las características físicas de quienes a todo costa renegamos parecer pero que sin embargo decimos creer respetar.
Referencias:
Montecino, S. (1996) “Madres y huachos” y “La ‘política maternal’ y la palabra
disociada de las prácticas” en Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago



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