Para entender un tipo de discriminación presente en nuestra sociedad, la discriminación racial, es necesario tener en cuenta que tal como lo plantean algunos autores, la sociedad Chilena estaría marcada por el trauma del mestizaje. Este, sería un factor determinante en la conformación de las actuales sociedades y tendría su origen durante la llegada de los conquistadores españoles y la colonización del pueblo indígena en el Chile de esos años. El mestizaje conllevó a que la ilegitimidad fuera parte fundamental de la conformación de nuestra sociedad (Montecinos, 1996), esto debido a que el nacer fruto de relaciones extra-maritales entre un español y una india, se convertía en un acontecimiento que definía la vida de los sujetos, puesto que al ser hijo mestizo se quedaba la mayoría de las veces subordinado a ser “huacho”. Siendo destinado a ser abandonado por el padre y encontrarse siempre en una situación de ilegitimidad y desigualdad respecto a los hijos que sí nacían dentro del matrimonio. De este modo, “la barraganía es la manifestación más palpable de esta tensión y de su resolución: demuestra la factibilidad de asumir un rostro blanco (la constitución de una familia legitima) y de uno no-blanco (la poligamia, el amancebamiento, la madre soltera, el huacho)” (Montecinos, 1996, p.48).
Teniendo
esto en consideración es importante dar cuenta que la falta de reconocimiento o
ilegitimidad de los mestizos representa una especie de subordinación social, en
donde al no ser reconocido como un igual se le imposibilita al sujeto de poder
participar dentro de la vida social de forma igualitaria a los otros miembros.
De esta manera, este no reconocimiento o ilegitimidad en la que viven los
mestizos, pasa a convertirse en un problema psicosocial puesto que la
interacción entre los de raza “pura” y los mestizos, es una interacción
regulada por un valor cultural institucionalizado según el cual, a quienes son
catalogados como mestizos se les prohíbe gozar de un status pleno dentro en la
interacción, siendo incapaces de participar de manera igualitaria en las
interacciones con los otros, en este caso los no mestizos.
Es entonces, que resulta importante entender cómo esta
experiencia del mestizaje podría haber quedado como huella en las sociedades,
tal como Montecinos (1996) lo plantea: “favoreciendo, por ejemplo, valores como
el culto a la apariencia” (p.48), de este modo, es que hoy en día podemos ver
que claramente esto se hace presente puesto que como chilenos es posible ver
algunas ocasiones dentro de nuestra cotidianidad, nos cuesta asumir nuestro
origen como hijos del mestizaje.
Del mismo modo, es posible dar cuenta que en ocasiones, durante las conversaciones surgen tendencias a atribuir valoraciones y percepciones más positivas a quienes poseen rasgos “blancos”, que a quienes nos parecen más mestizos, realizando juicios de valor tan solo por nuestros características raciales. Es entonces, que lo que Montecinos (1996) plantea nos resulta interesante puesto que nos hace sentido, y más aún, nos permite atribuir posiblemente este hito histórico como el origen de la discriminación racial en nuestra sociedad. Esto principalmente porque, toda esta tensión asociada al trauma del mestizaje conlleva a que los individuos luchen contra el ser catalogados como mestizos, puesto que esto involucra una serie de connotaciones negativas con las cuales nadie desea sentirse reconocido en la sociedad y más aún, involucre que el ser reconocido como mestizo conlleva el no poder gozar de un status igualitario dentro de las interacciones con los otros en la sociedad, debido a los valores que hoy se encuentran fuertemente institucionalizados en nuestra sociedad chilena, en donde el reconocerse con características mestizas te sitúa de antemano en una relación asimétrica respecto a quienes parecieran ser de la raza “mas pura”.
Si bien esto pareciera hacerse presente en nuestra sociedad, ¿Es
realmente la sociedad chilena una sociedad que discrimina racialmente? En
relación al tema, el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad
de Talca realizó una investigación cuantitativa con el objeto de indagar qué
tan discriminadores pueden llegar a ser los chilenos. Dentro de los resultados
encontramos ciertos aspectos interesantes planteados a continuación:
“Prejuicio y discriminación: La población chilena está constituida, en su
mayoría, por personas de sangre mestiza. Hay un biotipo asociado a la
muchedumbre que se puede definir como moreno, de estatura baja, pelo oscuro.
Por otro lado, el biotipo asociado a la “clase más acomodada” es blanco, de
mayor estatura, rasgos y colorido nórdico, donde el prejuicio racial y clasismo
se entremezclan creando clases definidas. Al respecto, el 42,1% de los
entrevistados del estudio considera que el pelo rubio es “más distinguido”, que
el pelo oscuro, el 46,7% piensa que las personas con ojos claros son más
atractivas que las de ojos oscuros y el 31,8% estima que las personas de pelo
rubio son más bonitas. ¿Renegamos de nuestra vertiente indígena? Aparentemente
no. Sin embargo, las opiniones prejuiciadas y el no asumir el origen mestizo
son algunas manifestaciones que evidencian algún trato distinto. La imagen
construida del pueblo mapuche a través de la historia ha sido la de un pueblo
guerrero y noble, pero dichas características no han sido traspasadas a sus
descendientes, quienes no gozan de gran participación pública y no ostentan
puestos de trabajos prominentes. El hecho de que los mapuches que han llegado a
las ciudades trabajen en determinadas áreas laborales no parece casual. ¿Por
qué casi no hay funcionarios de atención de público, promotoras o animadores de
televisión con rasgos mapuches? El empleador en Chile busca personas de aspecto
europeo, quienes calzan en su prejuicio de “buena presencia”. La primera
selección comenzaba, hasta hace poco, con el currículo con foto reciente y el
rostro como evidencia. Luego, los datos personales o escrutinio social del
postulante. Esto se ve claramente reflejado en el estudio, con la pregunta:
¿cree que tener apellido mapuche puede perjudicar en la búsqueda de empleo o
ascenso en la empresa?; el 70,7% responde que sí. La visión estereotipada
subyace tras frases como “morenito, pero simpático”, “la mapuchita” y al
calificar como “indios” a las personas obstinadas. Aún sin que haya mala
intención consciente, revela prejuicio. Raramente reconocemos -y menos
celebramos- el origen mestizo del chileno y normalmente el mestizo es el otro,
y que el otro lo sea, significa que hay una gran distancia, una distancia de
origen de la que no hay retorno”.
Avalados por los datos estadísticos de este estudio, los
chilenos no parecemos ser sujetos que discriminamos racialmente, sin embargo,
existe algo de cuestionamiento de nuestra parte respecto a esto, puesto que de
todos modos seguimos renegando nuestro origen mestizo, por lo cual nos
pareciera que si existe algo de discriminación en cierta medida, puesto que de
otro modo no se explica la dificultad de reconocernos como hijos del mestizaje,
reconocernos con las características físicas de quienes a todo costa renegamos
parecer pero que sin embargo decimos creer respetar.
Referencias:
Montecino, S. (1996) “Madres y huachos” y “La ‘política
maternal’ y la palabra
disociada de las prácticas” en Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago
disociada de las prácticas” en Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago
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