jueves, 13 de diciembre de 2012

¿Mitigar o eliminar la discriminación y exclusión entre ciudadanos?



Como medidas para mitigar o ayudar a reducir el problema de la discriminación y exclusión con sus diferentes formas, pensamos en dos medidas que se complementan una a la otra.

Primero, el tema de la discriminación y exclusión entre ciudadanos se relaciona con el contexto de desigualdad en sus múltiples facetas, ya sea desigualdad económica, cultural, social o de oportunidades, aunque la distribución desigual de los ingresos entre los ciudadanos parece mostrarse como factor central que desencadena los diferentes tipos de desigualdades, ya sea de acceso a la educación, salud, vivienda, calidad de vida, etc. Por lo que pensamos, que si existe el tema de desigualdad en la distribución de ingresos, difícilmente se podrá generar un clima en donde pueda abundar el respeto entre los ciudadanos, debido a esta negación que sufren los ciudadanos de no poder optar en igualdad de condiciones a una vida próspera.

Por otra parte, el tema de la desigualdad de status como falta de reconocimiento del otro como  ser con plenos derechos de participación en la interacción social, pensamos que es importante añadir una idea que se fundamenta en el tipo de relaciones que se producen entre los ciudadanos.

Las relaciones sociales, responden al contexto en que se desarrollan, esto también se liga directamente con el sistema económico y la cultura imperante. Es por ello, que al hablar de relaciones de discriminación y exclusión, se debe pensar en el contexto que desencadena este tipo de relaciones, un sistema que en la actualidad no fomenta el respeto mutuo entre las personas. Humberto Maturana, al hablar de violencia, plantea que las relaciones de violencia se deben a que no existe un respeto mutuo entre las personas, que no conversan sus problemas ni reconocen al otro como una persona con opiniones igualmente válidas que las suyas.

El concepto de respeto nos parece importante al hablar de discriminación y exclusión, pensamos que si existiera un clima de mutuo respeto real junto con un contexto más amable con las personas y sus vidas, es decir, un clima que beneficia el mutuo respeto en vez de la competencia, sería posible mitigar la discriminación y exclusión entre ciudadanos.


Discriminación salarial por género: Un problema cultural y no económico

El martes pasado la Confederación de Unidad de la Mediana, Pequeña y Microempresa (Conupia) y el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) firmaron un protocolo de acuerdo que buscaba promover la incorporación de las mujeres al mercado laboral, poniendo énfasis en “la equidad de género y la conciliación de la vida laboral, familiar y personal”. El objetivo fue ambicioso si se considera que, en la actualidad, la ocupación femenina en el país está marcada por una doble tendencia en la que, por una parte, se presenta una mayor inserción de las mujeres en el mercado del trabajo, pero por otra, se consolidan profundas brechas salariales y bajas cuotas de participación en puestos de alta dirección.
En Chile, según los datos de la última encuesta Casen, la brecha de género en cuanto al ingreso promedio por hora de los asalariados pasó de ser un 20,1 por ciento en 1990 a un 15,8 por ciento en 2009. Y aunque estas cifras muestran una evolución positiva, las diferencias siguen siendo profundas. De hecho, un estudio de la Dirección del Trabajo señala que a mayor escolaridad las inequidades en los salarios llegan a ser hasta de un 37 por ciento, en el caso de las mujeres con estudios postgrados.
Parte de este fenómeno se explicaría por el mito que existe en torno a los mayores costos que tendría empleo femenino por los permisos que se producen en épocas de embarazo. Sin embargo, el académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Dante Contreras, afirma que esta creencia tendría un origen cultural, más que económico, lo que se traduciría derechamente en discriminación de género.

“Cuando las mujeres empiezan a llegar a puestos de poder o de mayor toma de decisiones van teniendo lo que se ha denominado como ´incomodidades del género´. Son cosas que tienen que ver con una imbricación entre lo personal, lo laboral y lo identitario. Como el hombre tiene asumida como primera identidad el ser proveedor y trabajador, no se le produce el quiebre, pero a la mujer sí”, comentó la antropóloga.
Por su parte, la especialista en género y empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), María Elena Valenzuela, aseguró (…) “Los estudios que hemos hecho muestran que el costo salarial no es mayor a la hora de contratar a una mujer que a un hombre, sin embargo, está ese prejuicio. El problema además es que hay una mayor concentración de mujeres en ocupaciones universitarias que tienen menores salarios, pero eso tiene una raíz cultural porque son ocupaciones que reproducen roles reproductivos como enseñar, que son menos valoradas. No es un tema que sean menos productivas sino que menos apreciadas”, dijo.

Brechas de salario y pobreza
Otro factor a considerar en torno a las inequidades en los ingresos generados por hombres y mujeres se relaciona con la incidencia de los salarios en los sectores más vulnerables. Carolina Franch mencionó que, precisamente, en tiempos de crisis son las mujeres las que salen de sus casas y se convierten en el sustento económico de sus hogares. Ahí, en todo caso, chocan con empleos de mala calidad, es decir, “con trabajos precarios e informales, con baja productividad y consecuentemente, mal pagados”, indica un informe de la Dirección del Trabajo.
Por su parte, la especialista de la OIT aseguró que este aspecto se debe abordar no sólo en torno a la pobreza de ingreso, sino que también frente a la pobreza de tiempo: “Si tú no tienes minutos para delegar en nadie el cuidado de la familia – no sólo el de los niños pequeños sino que la lavandería, la preparación de la comida, el planchado – es más difícil incorporarse al mercado del trabajo”.
También recalcó la importancia de tener un salario mínimo adecuado y políticas de apoyo integrales que incluyan la capacitación, la promoción de la contratación de mujeres y la sensibilización de empleadores. “Para que una mujer, aunque sea del 10 por ciento más pobre, se pueda incorporar tiene que haber un ingreso que le convenga”, dijo María Elena Valenzuela.

Legislación
Una parte importante del funcionamiento del mercado laboral está dado por la normativa que lo regula. En esa línea, la aprobación del posnatal de seis meses prometía marcar un antes y un después en torno a la protección laboral de las trabajadoras después del embarazo. Sin embargo, el fantasma de la baja contratación femenina por el costo que esto implica continúa presente.
“El posnatal puede ser muy beneficioso porque puede cambiar la manera de ver la reproducción, la crianza y la primera infancia, pero también puede ser un retroceso en el entendimiento de que la mujer es la única persona que se debe hacer cargo de eso. Si el posnatal significa tener a mujeres durante seis meses adentro del hogar, sin ayuda masculina y una menor contratación femenina, entonces no logramos nada”, dijo Carolina Franch.
Más allá de la significación sociocultural, desde la OIT insisten en que este permiso no perjudica a las empresas, ya que está cubierto por el Estado.
Por su parte, Dante Contreras, advierte que “hay que eliminar normativas como aquella que indica que si hay 20 mujeres en una empresa hay que construir una Sala Cuna, eso se debe hacer si hay 20 trabajadores para que no sólo las mujeres paguen el costo de esta legislación. Hay normativas que perjudican más a las mujeres que a los hombres y eso se traduce en acceso al mercado del trabajo”.

Durante 2009 se promulgó la ley 20.348 sobre igualdad salarial, que pretende abordar las inequidades de género en el mercado del trabajo. Sin embargo, no muchas compañías y empleados conocen esta legislación que, además, tiene algunos resquicios.Uno de los articulados del cuerpo legal señala que los empleados de una empresa, hombres o mujeres, tienen derecho a percibir igual salario si realizan el mismo trabajo, pero precisa que no es discriminatorio otorgar mayores sueldos a los hombres si es que el son más idóneos, tienen mayor capacidad o más calificación, mayor responsabilidad o son más productivos. ¿Pero cómo se pueden medir estándares cualitativos como la capacidad o la idoneidad?
Los expertos reconocen que aún quedan muchos desafíos en la materia y que si se busca avanzar hacia una verdadera equidad de género es necesario desarrollar políticas públicas que, desde todos los ámbitos, promuevan la igualdad tanto entre hombres y mujeres, así como entre ricos y pobres.

Discriminación racial


Si bien hoy en día la discriminación en todas sus formas se hace presente de manera latente y patente en nuestra sociedad, resulta difícil poder identificar cuando es que esta surge y se instala como problema psicosocial, principalmente porque la discriminación como tal puede adoptar un sin numero de formas en la sociedad. De este modo, las huellas de la discriminación han sido dejadas en la conciencia colectiva a lo largo de la historia de nuestro país, teniendo como origen situaciones múltiples asociadas a cada forma de discriminación en la sociedad Chilena.

Para entender un tipo de discriminación presente en nuestra sociedad, la discriminación racial, es necesario tener en cuenta que tal como lo plantean algunos autores, la sociedad Chilena estaría marcada por el trauma del mestizaje. Este, sería un factor determinante en la conformación de las actuales sociedades y tendría su origen durante la llegada de los conquistadores españoles y la colonización del pueblo indígena en el Chile de esos años. El mestizaje conllevó a que la ilegitimidad fuera parte fundamental de la conformación de nuestra sociedad (Montecinos, 1996), esto debido a que el nacer fruto de relaciones extra-maritales entre un español y una india, se convertía en un acontecimiento que definía la vida de los sujetos, puesto que al ser hijo mestizo se quedaba la mayoría de las veces subordinado a ser “huacho”. Siendo destinado a ser abandonado por el padre y encontrarse siempre en una situación de ilegitimidad y desigualdad respecto a los hijos que sí nacían dentro del matrimonio. De este modo, “la barraganía es la manifestación más palpable de esta tensión y de su resolución: demuestra la factibilidad de asumir un rostro blanco (la constitución de una familia legitima) y de uno no-blanco (la poligamia, el amancebamiento, la madre soltera, el huacho)” (Montecinos, 1996, p.48).

Teniendo esto en consideración es importante dar cuenta que la falta de reconocimiento o ilegitimidad de los mestizos representa una especie de subordinación social, en donde al no ser reconocido como un igual se le imposibilita al sujeto de poder participar dentro de la vida social de forma igualitaria a los otros miembros. De esta manera, este no reconocimiento o ilegitimidad en la que viven los mestizos, pasa a convertirse en un problema psicosocial puesto que la interacción entre los de raza “pura” y los mestizos, es una interacción regulada por un valor cultural institucionalizado según el cual, a quienes son catalogados como mestizos se les prohíbe gozar de un status pleno dentro en la interacción, siendo incapaces de participar de manera igualitaria en las interacciones con los otros, en este caso los no mestizos.
Es entonces, que resulta importante entender cómo esta experiencia del mestizaje podría haber quedado como huella en las sociedades, tal como Montecinos (1996) lo plantea: “favoreciendo, por ejemplo, valores como el culto a la apariencia” (p.48), de este modo, es que hoy en día podemos ver que claramente esto se hace presente puesto que como chilenos es posible ver algunas ocasiones dentro de nuestra cotidianidad, nos cuesta asumir nuestro origen como hijos del mestizaje. 

Del mismo modo, es posible dar cuenta que en ocasiones, durante las conversaciones surgen tendencias a atribuir valoraciones y percepciones más positivas a quienes poseen rasgos “blancos”, que a quienes nos parecen más mestizos, realizando juicios de valor tan solo por nuestros características raciales. Es entonces, que lo que Montecinos (1996) plantea nos resulta interesante puesto que nos hace sentido, y más aún, nos permite atribuir posiblemente este hito histórico como el origen de la discriminación racial en nuestra sociedad. Esto principalmente porque, toda esta tensión asociada al trauma del mestizaje conlleva a que los individuos luchen contra el ser catalogados como mestizos, puesto que esto involucra una serie de connotaciones negativas con las cuales nadie desea sentirse reconocido en la sociedad y más aún, involucre que el ser reconocido como mestizo conlleva el no poder gozar de un status igualitario dentro de las interacciones con los otros en la sociedad, debido a los valores que hoy se encuentran fuertemente institucionalizados en nuestra sociedad chilena, en donde el reconocerse con características mestizas te sitúa de antemano en una relación asimétrica respecto a quienes parecieran ser de la raza “mas pura”.
Si bien esto pareciera hacerse presente en nuestra sociedad, ¿Es realmente la sociedad chilena una sociedad que discrimina racialmente? En relación al tema, el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca realizó una investigación cuantitativa con el objeto de indagar qué tan discriminadores pueden llegar a ser los chilenos. Dentro de los resultados encontramos ciertos aspectos interesantes planteados a continuación:

“Prejuicio y discriminación: La población chilena está constituida, en su mayoría, por personas de sangre mestiza. Hay un biotipo asociado a la muchedumbre que se puede definir como moreno, de estatura baja, pelo oscuro. Por otro lado, el biotipo asociado a la “clase más acomodada” es blanco, de mayor estatura, rasgos y colorido nórdico, donde el prejuicio racial y clasismo se entremezclan creando clases definidas. Al respecto, el 42,1% de los entrevistados del estudio considera que el pelo rubio es “más distinguido”, que el pelo oscuro, el 46,7% piensa que las personas con ojos claros son más atractivas que las de ojos oscuros y el 31,8% estima que las personas de pelo rubio son más bonitas. ¿Renegamos de nuestra vertiente indígena? Aparentemente no. Sin embargo, las opiniones prejuiciadas y el no asumir el origen mestizo son algunas manifestaciones que evidencian algún trato distinto. La imagen construida del pueblo mapuche a través de la historia ha sido la de un pueblo guerrero y noble, pero dichas características no han sido traspasadas a sus descendientes, quienes no gozan de gran participación pública y no ostentan puestos de trabajos prominentes. El hecho de que los mapuches que han llegado a las ciudades trabajen en determinadas áreas laborales no parece casual. ¿Por qué casi no hay funcionarios de atención de público, promotoras o animadores de televisión con rasgos mapuches? El empleador en Chile busca personas de aspecto europeo, quienes calzan en su prejuicio de “buena presencia”. La primera selección comenzaba, hasta hace poco, con el currículo con foto reciente y el rostro como evidencia. Luego, los datos personales o escrutinio social del postulante. Esto se ve claramente reflejado en el estudio, con la pregunta: ¿cree que tener apellido mapuche puede perjudicar en la búsqueda de empleo o ascenso en la empresa?; el 70,7% responde que sí. La visión estereotipada subyace tras frases como “morenito, pero simpático”, “la mapuchita” y al calificar como “indios” a las personas obstinadas. Aún sin que haya mala intención consciente, revela prejuicio. Raramente reconocemos -y menos celebramos- el origen mestizo del chileno y normalmente el mestizo es el otro, y que el otro lo sea, significa que hay una gran distancia, una distancia de origen de la que no hay retorno”.
Avalados por los datos estadísticos de este estudio, los chilenos no parecemos ser sujetos que discriminamos racialmente, sin embargo, existe algo de cuestionamiento de nuestra parte respecto a esto, puesto que de todos modos seguimos renegando nuestro origen mestizo, por lo cual nos pareciera que si existe algo de discriminación en cierta medida, puesto que de otro modo no se explica la dificultad de reconocernos como hijos del mestizaje, reconocernos con las características físicas de quienes a todo costa renegamos parecer pero que sin embargo decimos creer respetar.
Referencias:
Montecino, S. (1996) “Madres y huachos” y “La ‘política maternal’ y la palabra
disociada de las prácticas” en Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago



Transforma Chile es una organización que aspira a conservar los llamados "valores familiares y del matrimonio", es decir, conservar y reproducir la idea de familia nuclear (madre, padre e hijos biológicos).

En el primer video, se plantea que solamente es posible el amor entre dos hombres mientras sea en una relación familiar, padre e hijo. Esto es un modelo que sostiene esta organización, pero al hacer esta separación se presenta una falta de reconocimiento a las personas homosexuales, en este sentido, se niega la idea de un modelo diferente, de amor real entre dos hombres sin vinculo familiar.

 Esta falta de reconocimiento del otro, como un diferente con igualdad de derechos produce una situación de menosprecio, desvalorizando el modo de vida de las personas y desvinculandolas de la sociedad, haciendo un ejercicio excluyente de la participación y aportes que puedan generar hacia la sociedad.




jueves, 6 de diciembre de 2012

"Según la Biblia, el matrimonio es entre un hombre y una mujer"



Últimamente ha salido como tema a discutir la igualdad de derechos para personas homosexuales, específicamente la idea de que puedan legalizar su situación sentimental mediante el matrimonio. Pero el tema al ser discutido en la institucionalidad, hay una clara oposición en mayoría que ostenta el poder de decisión al hacer legal el matrimonio homosexual, esto se arraiga en una tradición cultural heterosexista que discute las leyes a puertas cerradas, existe una serie de modelos que ha ido formando parte de la cultura Chilena, se han ido institucionalizando como tipos de verdades que fundamentan las decisiones que son tomadas por estas mismas personas que comparten estos modelos. Esto impide la directa participación de las reales personas involucradas en la interacción social, en la discusión de estos temas como personas con igualdad de derecho y opinión, siendo clara la idea que en cuanto a la participación igualitaria de la ciudadanía se presenta como algo inexistente; pocos deciden por muchos.

Este tema a circulado por ciertos medios de comunicación, dependiendo siempre de la editorial, se enfatizará cierta postura en desmedro de otra. En el diario “La Tercera” (editorial de derecha) una noticia planteaba el tema. Para el diputado Sabag (DC) la razón por la cual no se debe aprobar el matrimonio entre personas homosexuales es porque la biblia lo dice, y esto sería antinatural y atentaría contra las bases que mantienen la sociedad, a pesar que Chile se muestra actualmente como líder en divorcios a nivel mundial, información que da cuenta de que el matrimonio da cada vez más indicios de no ser funcional ni decir algo realmente sobre la naturaleza de la unión.

Se muestran diferentes formas de discriminación en esta postura, por una parte, una homofobia, es decir, rechazo y hasta odio a personas homosexuales y a la homosexualidad misma. Pero esta actitud de discriminación y exclusión se naturaliza y a la vez se institucionaliza, ya que es justificada mediante la biblia como fuente de verdad, lo que resguarda la postura personal del diputado en una postura que no es de él, sino que es la “verdad”, en otras palabras, pierde responsabilidades al sostener esa postura ya que solamente responde a la “verdad” entregada por la biblia, es decir, lo que dios dicta y dice que es correcto. Por otra parte, esta es una idea institucionalizada en la cultura, históricamente el conservadurismo ligado a la iglesia ha estado en directa relación con los grupos que han ostentado el poder y riquezas, los cuales han conservado una clara línea en su postura política hasta hoy en día. Por otra parte en otra noticia similar, Warn (UDI) plantea que el principal motivo para prohibir el matrimonio entre personas homosexuales es que no pueden procrear, es un discurso que se trata de sustentar en una idea de familia como

Fundamento de la sociedad, que tiene dentro de sus funciones su propia reproducción. Pero es una idea que no se puede sostener a sí misma, ya que la sexualidad y vida en pareja, y posterior a esto, la familia, no se limita a la idea de reproducción, sino más bien como un grupo que comparte metas en común que se tratan de alcanzar mediante el grupo, es decir, mediante la familia.

Eso resulta ser un problema social, en la medida en que las personas no son reconocidas como seres que ostentan el derecho de una participación igualitaria en las interacciones sociales. La discusión sobre la legalización del matrimonio entre personas homosexuales no abarca a las personas homosexuales, sino que es discutido por individuos que poseen un ideario, valores y posturas específicas, las que se han construido histórica, cultural y económicamente, además de desventajas en cuanto a recursos (poder, dinero, influencia) lo que no permite una práctica igualitaria en cuanto a la participación.

Existe en la política chilena, y en Chile este rechazo a las personas homosexuales, esto tiene consecuencias relacionadas a la desigualdad en la participación ciudadana y elección, como también en el ámbito de lo que estas personas conciben de sí mismos al no ser reconocidos (formas de menosprecio). Esto provoca que los grupos menospreciados formen una idea negativa de sí mismos en diferentes áreas de la vida, atentando contra su propia identidad como grupo. Por otra parte, también se menosprecia lo que los individuos puedan aportar a la sociedad, desvalorizándolos en cuanto a su aporte y constitución como personas con capacidades y cualidades que les son características.

Al plantear el matrimonio homosexual como ilegal, al no ser aprobado por la ley de forma institucional, directamente se dice que las personas homosexuales carecen de derechos de legalizar su situación sentimental, no reconociendo la de amor que subyace a la unión, y excluyéndolos de la norma y lo aceptado. Esta exclusión se relaciona con que los individuos pierden la igualdad de participar de la sociedad e interactuar socialmente

Ciertos sectores políticos toman decisiones sin tomar en cuenta lo que las personas necesiten, debido a que poseen mayor poder que ellos, lo que atenta directamente en la igualdad de participación y la destrucción en cuanto a la idea que poseen de ellos mismos De igual forma este acto es una clara negación de las personas en su totalidad, negación que carece de un real argumento que se pueda sostener mediante la discusión, el tema religioso, económico, político y evolutivo no son reales factores a tomar en cuenta en la actualidad al hablar de aprobar el matrimonio homosexual, las ideas parecen ir más rápido de lo que van los viejos dogmas de las minorías que ostentan el poder, y parece importante tener en cuenta que a la hora de ejercer actos de discriminación, exclusión y sostener orgullosamente la homofobia, se trata con seres humanos, como todos nosotros.

"Las condes" y "Otro país"


Nuevamente desde las redes sociales, se puede rescatar una idea que surge desde la discriminación, menosprecio y exclusión existente en Santiago. En la ilustración se puede ver la idea de una diferencia entre "Las Condes" y "Otro país", mientras el acceso a "Las Condes" es denegado por la fuerza policial, la cual se muestra como cuidadora de las clases adineradas.

Está clara la idea de una forma de exclusión y diferenciación entre los sectores en donde se concrentran las riquezas ante los sectores de pobreza en la capital, además de la idea de mundos totalmente diferentes entre las clases sociales.

Por otra parte, existe un tipo de representación social relacionada a las barras de fútbol, asociando esto a gente delincuente, lumpen, criminales, ladrones y drogadictos, estos prejuicios se mantienen como ideas inalterables, y esta generalización impide un real contacto entre las personas diferentes, lo que hace perdurar esta categoria social perjudicial, son prejuicios negativos que generan juicios de valor negativos, y una exclusión del propio mundo y una actitud de rechazo del propio "mundo". Por otra parte, existe la representación social de las personas de clase socioeconómica alta como alienadas de la realidad que vive el país y resguardada por el poder gubernamental del país, es decir, tienen el poder institucionalizado como respaldo para vivir.

Este tipo de representaciones sociales no son separadas una de la otra, una existe en relación a la existencia de la otra, tampoco es posible separar este tipo de representaciones del contexto histórico, cultural y económico que existe y ha existido en Chile, la desigualdad en la distribución del las riquezas, recursos y poder es un claro descriptor de la realidad chilena, por otra parte la desigualdad en cuanto a la posibilidad de participación en el país es sesgada y tajada por el grupo socioeconómico alto, cual sustenta el poder político y posee además, una serie de ventajas en comparación al grupo socioeconómico bajo (educación, bienes materiales, recursos culturales, etc.)

Este claro clasismo, que asocia un tipo de individuo con una serie de significaciones sociales negativas se liga directamente a la existencia de realidades totalmente diferentes, se habla de "paises" de diferencia, siendo imposible pensar este rechazo como algo liviano, sino más bien como otra cultura diferente, la cual es mirada con menosprecio y rechazo, se plantea la idea de "Otro país" como una nación desconocida, algo ajeno, lejano y totalmente diferente a lo pensado, se habla de un "otro" del cual ni siquiera es importante identificarlo, ya que su existencia es totalmente indiferente, mientras se mantenga alejado de la propia realidad para así mantener su aparente "inexistencia".

Por otra parte, dentro del “Otro país” se vive un contexto completamente diferente a lo externo, como un país sin oportunidades futuras y de constante pensar en el sobrevivir constante, sin dejar espacio para la planificación o algo diferente que no sea trabajar y tratar de sobrevivir con el sueldo que se tiene, se experiencia como un país diferente a Chile que carece del apoyo de las autoridades, que está al margen de la idea que se tiene sobre el país y las discusiones parlamentarias, donde el incremento económico es visto como un dato totalmente irrelevante, ya que la realidad no varía en nada.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

¿Es Chile un país discriminador?

A lo largo de la historia, diferentes autores han tratado el tema de discriminación y exclusión social, una de ellos es Nancy Fraser (2000) quien postula que estos problemas serían provocados por una desigualdad institucionalizada en la sociedad. Desde aquí se presentaría una falta de reconocimiento recíproco entre los participantes de una interacción, provocando así una postura de desigualdad. Esto se puede ver reflejado por ejemplo, en la falta de reconocimiento que sienten aquellas personas pertenecientes a grupos infravalorados por la cultura dominante, lo que provocaría distorsión del sentido de sí mismo.

Una de las formas de no reconocimiento se daría por la desigualdad en la distribución de recursos donde se ignora que los ingresos del país son tremendamente dispares y se intenta desviar el problema ayudando a quienes poseen menos recursos. Otro problema de falta de reconocimiento se daría con respecto a la identidad, donde se intenta reconocer, de manera institucionalizada, a todas las personas en un mismo grupo, pasando por alto sus diferencias.

Desde aquí, Fraser (2000) postula que el problema de la falta de reconocimiento recíproco entre los individuos se daría por una cuestión de status social del grupo al cual pertenece el ciudadano. En este caso, se daría una relación institucionalizada de subordinación social del grupo al cual se pertenece por poseer un status que se piensa como inferior, y por esto se le niega la posibilidad de actuar como un igual en la vida social. De este modo, no ser reconocido no es sólo ser considerado como alguien criticable, despreciable o ser infravalorado a través de las actitudes, creencias o representaciones de otros, sino que es, no reconocer “el status de participante de pleno derecho en la interacción social como una consecuencia de los modelos de valor cultural institucionalizados que construyen a una persona como comparativamente indigna de respeto o estima.” (Fraser, año, p. 61-62). Además de esto, la falta de reconocimiento según el modelo de status sería perpetrada por los modelos institucionalizados que regulan las normas de interacción entre los individuos y que por tanto, impiden la igualdad. Es aquí donde se estigmatiza a ciertos grupos con categorías de inferioridad, privándolos de ciertos derechos o prácticas y por consiguiente, impidiéndoles vivir en igualdad con otros ciudadanos valorizados como “normales”.

A partir de lo anteriormente expuesto es que podemos identificar a los datos presentados a continuación dentro de un contexto de desigualdad social, donde se encuentra de manera explícita la discriminación y la exclusión social por falta de reconocimiento social debido a una valoración institucionalizada que relaciona status con grupos sociales.

Diario 30: Categoría culturaPublicado: 14 noviembre, 2011

“De acuerdo a estudios de Gemines-U. Finis Terrae, un 75% de encuestados cree que Chile es un país con muchos prejuicios y tabúes y otro 70% mira en menos a los inmigrantes latinoamericanos. Otras encuestas de Chile 21 señalan que un 94% de los chilenos piensa que los homosexuales y lesbianas son discriminados, y un 42,7% que los pueblos indígenas son el grupo que sufre mayor discriminación. UNICEF reporta informe donde un 50% de los niños dice haber sido aislado por ser diferente al resto. En mismo estudio, un 88% de niños y adolescentes señala que quienes sufren más bromas por parte de sus compañeros son quienes tienen un problema o defecto físico o rasgos indígenas[1].” (referencia noticia).

Otro síntoma de discriminación está dado por nivel de segregación social en los colegios (medido por índice Duncan en una escala de 0 a 1, donde 1 es grado mayor. En Chile índice de discriminación es de 0,68, mientras la media OCDE es de 0,46)[2]. Es decir, los estudiantes chilenos de diferentes niveles socio-económicos, no se encuentran, no conviven, no se conocen, al estar radicalmente separados por segmentación socio-residencial determinada por nivel de ingresos. Esta realidad se ha mantenido prácticamente inalterada desde 2000 hasta 2010. Si se revisan encuestas Casen, se verán que ingreso familiar de quintil más rico llega a ser 11,9 veces superior al de quintil pobre.

De acuerdo a Patricio Navia la combinación de una escasa movilidad social con desigualdad social contribuirían a crear una sociedad profundamente discriminatoria- clasista, donde “el origen familiar de las personas pesa mucho más que los méritos a la hora de determinar los ingresos y el estatus social. El tema del clasismo lo relaciono con la ausencia de meritocracia y la desigualdad” (2003:3)[3].

En resumen, muchos chilenos discriminan en el minuto que distinguen, excluyen, restringen y prefieren de acuerdo a la raza, color, sexo, idioma, origen nacional o social o posición económica. Más aún, tenemos un sistema social-educativo que en su estructura y dinámica interna perpetúa dicha discriminación. El resultado final es un “menoscabo del reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las personas” (Comité DD.HH. de Naciones Unidas[4]). Nuestra Constitución que en su artículo 1° señala que “las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos” y en el 19, inciso 2, asegura a todas las personas “la igualdad ante la ley y … que en Chile no hay personas ni grupos privilegiados”, pareciera un mero saludo a la bandera.

Pero más allá de la constatación recurrente y cierta de un espiral discriminatorio y manifestaciones de reproche airadas ante casos repudiables como el de Daniel Zamudio, ¿qué hacemos los chilenos en el día a día (todos, indistintamente de la realidad socio-económica particular), para terminar con dichas situaciones?

Poco y nada. La mayor de las veces hacemos un reduccionismo del concepto de discriminación y lo alojamos en un problema relacionado con las minorías. Sin embargo, somos incapaces o simplemente no queremos atacar la raíz misma de un modelo cultural discriminatorio. Esto es, una sociedad que se mueve por patrones de conducta individualistas transversales a todas las capas sociales.

Existe una necesidad de “girar sin reposo” para sobrevivir, un aislamiento autoinfligido producido por la quimera del consumo, que lo convierte todo, incluso las relaciones con los demás, en mercancía. Ya nunca, nada es suficiente (las necesidades son ilimitadas). En algunos pasa a ser más importante el microondas y la última TV plasma pagada en 20.000 cuotas, antes que la educación de los hijos. La autopercepción de estatus social se da por cuánto tengo.

Por tanto, las relaciones sociales se construyen sobre la base de la competencia. En las clases más populares el peruano inmigrante nos viene a quitar la pega y por tanto caemos en el reduccionismo de la desconfianza y el mote fácil del “cholo”. En la oficina cualquiera sea el escalafón, se práctica más el pelambre y la descalificación del par antes que una preocupación por el rendimiento individual. La mujer que asciende es porque se acostó con el jefe (no porque sea buena en lo que hace), y es tachada de puta. En barrios de clase media el pasaje enrejado, el muro con alambres de púa se instala como señal de distancia de los “rotos” y desconfianza ante la presencia “amenazante” de la población aledaña más humilde (de aquella condición que fuimos y ya no queremos más).

En este modelo, por tanto, la discriminación en la forma de clasismo o racismo, se da a todo nivel y no solo en los grupos más acomodados. Hay una predisposición natural a aceptar las desigualdades socioeconómicas en cuanto necesarias para el funcionamiento de la sociedad.

Bajo este contexto cultural, cualquier esfuerzo normativo por terminar con una discriminación resulta intrascendente. Incluso la reciente ley contra la discriminación que condena “toda distinción, exclusión o restricción que carezca de justificación razonable, efectuada por agentes del Estado o particulares, y que cause privación, perturbación o amenaza en el ejercicio legítimo de los derechos fundamentales establecidos en la Constitución Política de la República..”.

En conclusión, sino se hace una revisión particular de los valores a los que adherimos, la discriminación y sus diferentes expresiones seguirán siendo parte de un ethos chilensis (más allá de una serie de problemas estructurales que fomentan una desigualdad social)”.
.


Referencias:
[1] UNICEF, Subsecretaría de Carabineros y Carabineros de Chile, (2008) No a la discriminación… por un trato igualitario, Publicaciones UNICEF, Santiago de Chile.
[2] Ver datos en: http://www.oecd.org/country/0,3731,en_33873108_39418658_1_1_1_1_1,00.html
[3] Navia, P. (2003). Seminario “¿Es Chile un país clasista?”. La desigualdad es antidemocrática. Necesidades de políticas públicas y gestos simbólicos (Pág. 3Santiago: Centro de Investigación Social (CIS), Un Techo para Chile.
[4] UNICEF, Subsecretaría de Carabineros y Carabineros de Chile, (2008) No a la discriminación… por un trato igualitario, Publicaciones UNICEF, Santiago de Chile.